PERROS Y EL RIESGO DE LA “PROCESIONARIA”

 

                       

El carácter curioso y explorador de la mayoría de nuestros perros, especialmente los cachorros, pueden dar lugar a un encuentro peligroso con este tipo de oruga tan característica. La capacidad irritante de los “pelillos” que la recubren puede ocasionar lesiones muy graves e incluso la muerte por lo que es necesario ser muy prudentes si existen procesionarias en nuestro entorno. Si sospechamos de un encuentro de nuestro perro con esta oruga estamos ante una URGENCIA.

 

¿Qué es la procesionaria?

La oruga procesionaria u oruga del pino “Thaumetopoea pityocampa” es una oruga muy característica tanto por su color y aspecto (piel oscura y pelillos anaranjados o amarillentos recubriendo el cuerpo) como por la manera de desplazarse en ciertos periodos del año, formando largas filas, que le dan ese nombre tan característico. Estos pelillos contienen una toxina, la "thaumatopina", una sustancia muy urticante con la función de protegerlas ante sus posibles depredadores. Si esta toxina entra en contacto con la piel se libera "histamina", produciendo una reacción alérgica e incluso un shock anafiláctico.

Son características de zonas de pinares, en lugares no demasiado lluviosos ni de gran altura. No es raro encontrarlas en parques urbanos u otro tipo de zonas arbóreas.

Es interesante conocer sus formas y ciclo biológico para entender por qué y cuándo resultan un peligro.

Presentan 4 formas:            

-         Adulto (mariposa)

-         Huevo (En nidos en los pinos)      

-         Larvas (en sus distintas fases)

-         Crisálida

La mariposa adulta es fecundada a finales de verano y deposita sus huevos en las agujas de los pinos. Unos 28 días después eclosionan las larvas que sufrirán varias etapas de maduración y que construirán un nido a modo de “bolsa sedosa”, muy reconocibles en las ramas de los pinos.

                                              

A comienzos de la primavera, con las primeras subidas de temperatura, las orugas se estimulan e inician una migración en procesión buscando un sitio idóneo para enterrarse y formar las crisálidas que se mantendrán en su capullo hasta el final del verano donde eclosionarán las mariposas adultas.

                                                         

Es en esta fase de migración (FEBRERO – ABRIL) donde se convierten en un riesgo importante para nuestras mascotas. Esta forma de migrar a modo de “una hilera de colores en movimiento” las hace muy atrayentes para los perros que en muchos casos las olfatean, las lamen o incluso pueden tratar de comérselas. ¡Ojo también con los niños!

 

¿Qué síntomas producen?

El contacto con esos pelos irritantes va a causar una reacción alérgica en el perro. La boca suele ser la zona más afectada, especialmente la lengua. También pueden dañarse belfos, trufa, ojos, sistema digestivo, incluso las zonas de piel más desprotegidas.

                                  

 

La sintomatología puede incluir: nerviosismo, dolor, ptialismo (hipersalivación), úlceras en la lengua o mucosa oral,  mal olor de boca, glositis (inflamación de la lengua), edema facial, vómitos, prurito y en el peor de los casos muerte por asfixia. Los tejidos afectados, fundamentalmente la lengua suelen evolucionar a necrosis (muerte del tejido) incluso llega a perderse el trozo necrosado.

 

¿Cómo se trata?

El mejor tratamiento es sin duda: LA PREVENCIÓN. Evitar el contacto de nuestro perro con la oruga. Si no podemos evitarlo, un diagnostico precoz y una actuación rápida mejorarán el pronóstico. Hay que tener claro que estamos ante una URGENCIA VETERINARIA y el acudir lo antes posible a tu veterinario puede salvarle la vida. Como primera medida se puede lavar la zona afectada con agua tibia, pero sin frotar, para no extender ni romper los pelillos urticantes que liberarían más toxinas; e inmediatamente después acudir al veterinario.

                                                     

Una vez valorado el estado del paciente, el tratamiento consistirá  en uso de corticoides de acción rápida, antihistamínicos, antibióticos, antisépticos,  protectores gástricos, antibióticos y analgésicos; adaptándose a cada caso.

 

¿Cuál es el pronóstico?

El pronóstico y las posibles secuelas dependerán directamente de la zona afectada, la intimidad del contacto con la oruga y la prontitud con la que se inicie el tratamiento.