VACUNA A TU GATO

 

       

 

Una vacuna es un preparado que se introduce en el organismo para conferir protección (inmunidad) frente a una enfermedad. Las vacunas suelen desarrollarse frente a enfermedades que pueden ser graves o crónicas y contagiosas.

 

¿Cómo funciona una vacuna?

Una vacuna es una suspensión de microorganismos (bacterias ó virus) que induce en el gato la producción de anticuerpos contra ese microorganismo. Si el gato posteriormente entra en contacto con el microorganismo, los anticuerpos que posee le ayudan a luchar contra la infección. A esto se le llama respuesta inmune. Las bacterias o  virus de la vacuna se encuentran muertos o inactivados con la finalidad de que la vacuna estimule la inmunidad sin causar enfermedad. Los tipos de vacunas que existen actualmente pueden ser inactivadas, vivas modificadas o de subunidades.

Las vacunas inactivadas son las que menos probablemente producen enfermedad; las vacunas vivas modificadas pueden revertir algunas veces a formas virulentas y provocar enfermedad. Sin embargo, como las vacunas inactivadas inducen una inmunidad mucho menor, las vacunas más frecuentemente usadas son las vivas modificadas. Las vacunas inactivadas o de subunidades podrían usarse en animales gestantes (si necesitan ser vacunados) siguiendo las indicaciones del laboratorio que las fabrica, o en animales que tengan problemas en el sistema inmune (inmunocomprometidos), como por ejemplo gatos infectados con el virus de la leucemia felina (FeLV) o el de la inmunodeficiencia (FIV).

 

¿Contra qué enfermedades puedo vacunar a mi gato?

Panleucopenia felina, Herpesvirus felino (gripe felina), Calicivirus felino (gripe felina),

Virus de la Leucemia felina (FeLV), Bordetella bronchiseptica, Rabia.

 

¿Con qué frecuencia debería vacunar a mi gato?

Todos los gatos deberían recibir una primovacunación  dos inyecciones con un intervalo de tres ó cuatro semanas entre ellas y comenzando alrededor de las nueve semanas de edad.

. Con la finalidad de conseguir unos buenos niveles de protección, la primera vacunación deberá ser aplicada un año después de la primera dosis. Después, la frecuencia de revacunaciones dependerá del tipo de vida del gato y de los riesgos.

La recomendación más habitual entre los laboratorios que fabrican las vacunas es la de revacunar anualmente, puesto que las licencias del producto se basan en estudios de inmunidad de un año de duración. Muchos veterinarios siguen estas pautas.

Los gatos que pasen periodos de tiempo en residencias felinas deben vacunarse siempre anualmente, en primer lugar para que el seguro de la residencia les cubra, y en segundo lugar porque se trata de un ambiente de alto riesgo de contagio de enfermedades. Las dosis deben aplicarse al menos dos semanas antes de ir a la residencia.

 

¿Qué problemas pueden provocar las vacunas?

Los efectos secundarios provocados por las vacunas son muy poco frecuentes, teniendo en cuenta los miles de dosis que se aplican anualmente. La reacción adversa más frecuente es muy leve y consiste en depresión, inapetencia y molestias en la zona de la inyección. Una reacción más importante consistiría en vómitos, diarrea, dolores, fiebre, signos de infección respiratoria ó nódulos en la zona de la inyección. Parecen ser más frecuentes los efectos secundarios en los gatitos jóvenes que en los adultos. 

El efecto secundario que ha sido más estudiado en los últimos años es el fibrosarcoma (un tumor que se desarrolla en el lugar de la inoculación). Algunos gatos pueden desarrollar en el lugar de la inyección un nódulo pequeño asociado a una inflamación. Lo normal es que ese nódulo desaparezca en las siguientes tres o cuatro semanas, pero si no es así, la inflamación crónica puede desembocar en un tumor denominado fibrosarcoma. La inflamación del sitio de inoculación aparece más frecuentemente cuando se utilizan vacunas que contienen adyuvantes, una sustancia componente de la vacuna e incluida por el laboratorio para mejorar su eficacia. Las vacunas con adyuvantes más frecuentes son las que se ponen contra la rabia y contra la leucemia felina.

La incidencia de aparición de fibrosarcoma en EEUU está estimada en un caso por cada 10.000 vacunas puestas, mientras que en Reino Unido, la incidencia se estima en 0.04 casos por cada 10.000 dosis de vacunas aplicadas. Esta diferencia podría deberse a los diferentes tipos de vacunas disponibles en cada país y a la mayor frecuencia de vacunación frente a la rabia en EEUU.

Aunque el fibrosarcoma es una enfermedad de muy mal pronóstico, no debemos olvidar que la leucemia felina también es una enfermedad fatal. La incidencia de leucemia es además mucho más alta que la del fibrosarcoma (uno o dos casos por cada 100 gatos, y en algunas áreas una prevalencia incluso mayor).

 

Conclusiones

La vacunación es un tipo de tratamiento muy seguro y que ha disminuido sustancialmente la incidencia de enfermedades graves en la población felina. Dicho esto, las vacunas no están totalmente exentas de riesgo, y debe hacerse un uso apropiado y juicioso de ellas. Aunque algunos gatos concretos no toleren las vacunas, el resto de los individuos de una comunidad deben ser vacunados. Así, una enfermedad concreta no encontrará un número de gatos suficiente que la haga propagarse en una colectividad. Por el contrario, si una población posee la mayoría de los individuos sin protección, enfermedades como la panleucopenia felina, que actualmente es muy poco frecuente, reaparecerá nuevamente entre la población felina.